Buscando refugio en un pequeño pueblo del condado de
Hampshire, un lugar donde se encuentra la paz y huyendo de Londres huyendo de
sus recuerdos se encuentra Elfrida. Cree que encuentra todo, en ese pequeño
pueblo y que no pasar tragedia alguna.
Pero el destino cambia para ella, y su mundo se torna en una
nube gris llena de desesperación, y tristeza pero todo cambiara con la ayuda de
un mundo paralelo de varias personas que se cruzaran en su camino. Una historia
fantástica llena de trata y buenas cosas que enseña acerca de la vida. Así es
este libro “Solsticio de Invierno”.
*ELFIDA*
Antes de abandonar Londres para siempre y mudarse al campo,
Elfrida Phipps fue al refugio de perros abandonados Battersea y volvió con un
compañero canino. Tardo media hora en decidirse por uno, cuando lo vio sentado
cerca y mirándola con ojos oscuros y enternecedores, comprendió que él era el
que buscaba.
Su nuevo compañero viajo con Elfrida, sentado en el asiento
del pasajero de su viejo Ford fiesta, mirando a través de la ventana con un
aire de satisfacción, como si esa fuera la nueva vida que estaba deseoso de
comenzar. Elfrida lo llamo Horacio.
Elfrida con una cesta en la mano y con Horacio sujeto a su
correa, cerró la puerta de su cabaña y salió. El pueblo era Dibton, en
Hampshire, y hacia dieciocho meses que Elfrida se había mudado ahí; dejo
Londres para empezar una nueva vida, debes en cuando conocía viejos conocidos
de la época en que actuó en el teatro venían a visitarla.
Elfrida doblo la esquina cuando tuvo ante sí la vista
familiar de la parte trasera: de pie, junto a la caja registradora, se hallaba
Oscar Blundell pagando lo que debía. Elfrida le resultaba muy grato ver a
Oscar. Fue a la iglesia un domingo el párroco la detuvo al salir. Le dirigió
unas palabras de bienvenida y en seguida se distrajo.
-Y aquí esta nuestro organista, Oscar Blundell. No es el de
siempre, vera pero es un sustituto esplendido cuando se le necesita. Pero vio a
Oscar a los ojos y le agrado lo que observo en ellos. Al estrecharse las manos,
el apretón que le dio fue sincero y cálido.
-¿Ese es su pasatiempo?- pregunto ella.
-No- repuso con gran seriedad Oscar-. Es mi trabajo, mi
vida- Y en seguida esbozo una sonrisa,- Es mi profesión.
Unos días después Elfrida recibió una llamada telefónica.
-Hola. Habla Gloria Bundell. Conoció a mi esposo al salir de
la iglesia. Es el organista, venga a cenar con nosotros el jueves.
-Es muy amable. Me encantara.
-Esplendido. Entonces nos vemos el jueves.
Al parecer, la señora Blundell era una dama que no tenía
tiempo que perder. La Grange era la residencia más grande en Dibton. Por algún
motivo extraño, nada de eso concordaba del todo con la personalidad de Oscar
Blundell, pero pensó que sería interesante ir. Uno nunca conoce bien a la gente
sino hasta que le ve el ambiente de su propio hogar.
Elfrida tenía cosas que más importantes de que preocuparse.
La ropa representaba algún problema. Al final decidió ponerse una falda
floreada que le llegaba a los tobillos y un suéter largo. Decidió ir a pie, una
caminata de diez minutos por el pueblo. Una mujer del pueblo, que traía un
delatal puesto, abrió la puerta principal.
-Buenas noches. Es la señora Phipps, ¿verdad? Pase, por
favor.
La señora Blundell estará en seguida con usted.
-¿Soy la primera en llegar?
-Si, pero los demás no tardaran.
-Eres Elfrida Phipps- Elfrida alzo la mirada y vio que su anfitriona
bajaba por una escalinata ancha. Era una mujer copo lento y alto, atractivo.
Llevaba puesto sobre su mano un vaso a medio llenar de lo que parecía un whisky
con soda.
-Soy gloria Bundell. Gracias por venir. Tenía rostro franco,
ojos de un azul muy intenso.
-Gracias por invitarme.
-Pasa, vamos a sentarnos junto al fuego. Elfrida siguió a
Gloria hasta un salón grande.
De repente, y aun tiempo, llego el resto de los invitados
que lleno la casa con el bullicio de sus voces y la fiesta comenzó. Gloria guio
a sus invitados por el pasillo y camino con paso firme. Elfrida se sentó en una
silla cerca de la ventana, y mientras sostenía la taza y el plato disfruto
observando las estrellas. En seguida se le unió Oscar.
-¿Te encuentras bien?- pregunto.
-Por supuesto. Es una noche muy hermosa. Y todos tus
narcisos florecerán muy pronto.
-¿Te gustan los jardines? ¿Te agradaría dar un paseo para
que te lo muestre? Ella observo a los demás, que se encontraban enfrascados en
la conversación.
-Sí, me encantaría; pero ¿no sería descortés?
-Claro que no- él se dirigió a Gloria-: Elfrida y yo daremos
un paseo por el jardín.
-Hace frio- repuso Gloria-. Asegúrate de que la pobre lleve
un abrigo. Oscar tomo de una silla un abrigo grueso
-Es de Gloria. Te lo prestara- lo puso con gentileza sobre
los hombros de Elfrida. Caminaron al otro extremo del prado había jardín de
rosas espacioso, cercado por un tapia, con arbustos podados y abandonados en
abundancia
-¿Le dedicas tiempo a tu jardín?
-Pregunto Elfrid.
-No. Yo planeo, pero contrato a un jardinero. Recorrieron
despacio el ancho sendero.
Temo que formamos un grupo muy provinciano- le comento
Oscar.
-Desde luego que no- repuso ella-. Disfrute de cada momento.
Me gusta escuchar.
El domingo siguiente por la mañana Elfrida se dirigió a la
puerta y encontró a una niña pequeña que vestía pantalones vaqueros y tenía el
rostro pecoso.
-¿Señora Phipps?
-Si
-Soy Francesca Blundell. Mi madre dijo que hacia un día
horrible, ¿le gustaría venir a comer con nosotros?
-Pero acabo de ir a comer a tu casa…
-Comento que usted respondería eso. Ella iba a telefonearte
pero le dije que mejor venia en bicicleta. Creo que será mejor que entres.
-Siempre pensé que estas eran casas lindas, pero nunca había
entrado en una.
-Creo que es perfecta para una persona y un perro. Es como
una casa de muñecas. Bueno, será mejor que me vaya. Gracias por permitirme ver
su casa.
-Fue un placer. Gracias por traerme su amable invitación.
-Mama dijo que a la una menos cuatro.
-Ahí estaré y gracias por venir.
Oscar y Francesca fueron los primeros amigos de Elfrida.
Gracias a ellos conoció a todos los demás.
Elfrida se dio cuenta de que la señora Jenning la miraba,
fijamente, se mordía el labio y parecía muy afligida.
-¿Ocurre algo mal señora Jennings?
-¿No se ha enterado?- repuso ella.
De pronto Elfrida sintió la boca seca.
-No
-Se trata de la señora Blundell ha muerto. Sufrió un
accidente.
-¿Y Francesca?
-También murió.
-¿Y Oscar? ¿El señor Blundell?
-Casi no lo he visto
-¿Esta el en la Grange?
-Sí, hasta donde yo sé.
*SAM
A las siete en punto de la mañana oscura del primer viernes
de Diciembre. Sam cayó en la cuenta de que ya tenía suficiente de Nueva York.
Deseaba volver a Inglaterra.
*CARRIE
Carrrie soñó con Australia y Oberbevren
-Hola
-Ma
-¿Quién habla?
-Carrie
-¿Carrie? ¿Hablas de Australia?
-No, de Londres. Estoy en Putney
-Ma, pensé que sería bueno ir a visitarte
-Excelente ¿Cómo esta Nicola?
-¡Hay, querida mía!, creo que se volvió loca. Te lo contare
todo cuando vengas.
-¿Y Lucy?
-Lucy también está aquí. Le dieron la mañana libre
-Me gustaría verla.
-¡Ah!, claro que sí, la veras
-Te espero.
Carrie pasó la navidad en casa de Elfrida y se encariño con
la presencia de Lucy al recordar a su hija. Lucy no quería regresar a casa con
la loca de su madre así que Elfrid y Oscar recogieron por unos meses a Lucy y
Oscar Blundell, entregaron en cuerpo y alma a su música, reconciliado. De
vuelta al lugar donde pertenecía.
El libro de “Solsticio de Invierno”. Es un libro que habla
como una vida toda llena de alegría que jamás piensas que pasara algo. Pero
cuando todo cambia y te arrebatan todo y te quedas sin nada te das cuenta de
que fue echo con un propósito en tu vida y en la vida de otros.
A continuación, las bitacoras del club de lectura:






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